El contexto de las primarias

paso POR CARLOS FARA, ANALISTA POLITICO – Para comprender cuál va a ser el comportamiento electoral en las próximas primarias del 11 de agosto, es necesario registrar cuál es el humor social con el cual llega la mayoría de los votantes. Veamos los siguientes indicadores de opinión pública en la zona metropolitana (datos de la primera quincena de  julio):

  • El pesimismo es mayor al optimismo sobre el futuro del país, oscilando este último alrededor del 37 %, ubicándose en niveles semejantes al de la elección de 2009;
  • La perspectiva sobre la situación personal y familiar registra un optimismo del 55 %, creciendo respecto a un año atrás, y algunos puntos por encima del que se detectaba en la elección de 4 años atrás;
  • Desde principios de 2012 la mayoría cree que Argentina va por el mal camino;
  • La aprobación de la gestión presidencial se ubica en el 44 %, con una tendencia descendente desde el inicio del segundo mandato de la presidenta;
  • El balance positivo sobre los 10 años de gobierno kirchnerista ha ido descendiendo desde el 64 % en mayo de 2012, al52 % en julio de 2013;
  • Para el 40 % la década que acaba de terminar está “ganada”, para un tercio estuvo “desperdiciada”, y solo para el 15 % fue “pérdida”;
  • El 55 % está desilusionado con las medidas que tomó la presidenta desde que asumió, en una tendencia ascendente permanente;
  • La seguridad continúa siendo por lejos la mayor preocupación, seguido por la inflación, aunque éste ha ido descendiendo desde el 42 % en marzo, al 33 % en julio;
  • La atención sobre la corrupción había ido trepando sustancialmente desde fines del año pasado, hasta ubicarse en el 18 % en mayo de este año –pico de las denuncias del programa de Lanata- pero cae al 8 % en julio, es decir, volviendo al nivel que registraba durante 2012;
  • El 36 % cree que el gobierno nacional seguirá igual de bien o mejor en los próximos meses, siendo que este indicador era del 41 % en marzo; en estos momentos el 58 % tiene un perspectiva negativa;
  • El 63 % estima que el gobierno está interviniendo demasiado en la economía: en noviembre acordaba con esta opinión el 54 %;
  • El 73 % no cree que esté funcionando el congelamiento de precios que fijó el gobierno, parecer que va en crecimiento, aunque dos tercios aprueban la medida;
  • El 73 % se opone a una reforma de la constitución nacional que permita una nueva reelección de la presidenta, tendencia que se ha mantenido desde el inicio del segundo mandato de Cristina Kirchner, y ha ido en leve ascenso.

Más allá de los indicadores cuantitativos, existe una clave que se registra cualitativamente sobre el humor social, y que es el cambio de coordenadas del electorado. En 2011 CFK gana la elección porque sintoniza con el grueso de la ciudadanía que demandaba un liderazgo menos confrontativo, agresivo, autoritario –por un lado- y apoyaba los fundamentos del modelo económico. Hoy a la presidenta se la percibe habiendo regresado a un estilo que desagrada. Pero lo más importante es que se ha quebrado el idilio con el esquema económico, no solo porque no responde pragmáticamente a las preocupaciones sociales, sino también porque está contradiciendo el sistema de valores de la sociedad, sobre todo de los sectores medios.

En función de las medidas que viene tomando el gobierno desde que Cristina asumió su segundo mandato, el electorado está percibiendo un exceso de intervención estatal, y está corriéndose al centro, buscando un mayor equilibrio entre Estado y mercado. Esta tendencia se venía avizorando desde la segunda parte del año pasado. La gran pregunta aquí es si se ha producido un cansancio cultural con el proyecto político, o es una nueva crisis como la que atravesó en 2008/2009.

Como se puede apreciar, el contexto es muy distinto al de 2011, y negativo para el oficialismo, aunque no tanto como el de 2009, donde la aprobación de la gestión rondaba el 30 %. Este es el marco en el cual seguramente se verificará un descenso importante del caudal electoral del Frente para la Victoria, a partir de la incidencia mayoritaria de un “voto castigo”.