Julio María Sanguinetti: “Vivimos en una Nación, pero nuestra vida transcurre en una ciudad”

Julio Maria Sanguinetti 03POR JULIO MARIA SANGUINETTI, EX PRESIDENTE DE URUGUAY

Hace muchos años que el futuro ya no es lo que era, el desarrollo científico y técnico han ido modificando las perspectivas de futuro que habían sido concebidas, a lo largo de un mundo de ideologías durante 200 años, desde 1789 cuando el movimiento republicano terminó el ciclo de los absolutismos hasta 1989 con la caída del muro de Berlín, cuando se abrió una nueva etapa.

Eso nos muestra como concepciones que se creyeron inspiradas para encaminar los caminos del futuro y preverlos, se han ido derrumbado una tras otra, a veces por falencias de la concepción ideológica, a veces por hechos sobrevinientes que nadie pudo pensar. Por ejemplo, los esquemas de desarrollo nacionalista que quedaron muy atrás cuando la globalización impuso que las economías fueran internacionales, nos gustara o no, porque la necesidad de estar en todo lo que era el progreso científico, técnico, la necesidad de la vida contemporánea no hacía posible el encierro económico. Del mismo modo, las concepciones omnicomprensivas del estado, llámese fascismo o comunismo, terminaron cayendo por exceso de planificación, por exceso de estado, por supresión de la iniciativa individual. Del mismo modo que luego, ya en el acontecer de este siglo ocurrió lo opuesto, una suerte de ideología de mercado que pensaba que con la desregulación y la liberación de las fuerzas de la sociedad todo iba a ser mejor resuelto.

Hoy estamos en un momento de síntesis asumiendo que tenemos un mundo distinto, los modos de producción no son los mismos y los modos de vivir tampoco son los mismos. Esto que se ha llamado globalización tiene una confluencia de varias vertientes: la sociedad de conocimiento, la sociedad de la información, la sociedad del consumo y el mundo de las metrópolis. Son las vertientes que construyen esta globalidad. La sociedad del conocimiento cambió la riqueza. Mucho tiempo fue la tierra, más tarde fue la industria, hoy es la patente, la innovación, la invención. Estamos viviendo además en los últimos 30 años, la mayor transferencia de poder económico, geográficamente hablando, de la historia de la humanidad. El año pasado se vendieron 900 millones de smartphones en el mundo, los nuevos aparatitos con los cuales vivimos y de los cuales vivimos. De ellos, 160 millones se vendieron en Estados Unidos, 350 se vendieron en China. Y estamos hablando de smartphones. ¿Quién los vende? El primer productor es Samsung, una empresa coreana, el segundo es Apple, una empresa norteamericana, el tercero es Lenovo, una empresa china que a su vez es el mayor productor de PC. Lenovo hace diez años ni sabía lo que era un celular. Les pongo este ejemplo como expresión del cambio civilizatorio que estamos viviendo. Y cuando digo civilización estamos hablando del origen mismo de la democracia y las instituciones, porque civilización viene de cives, de ciudad, por eso lo cívico es lo que hace la ciudad, por eso ciudadanos somos los titulares de derechos y obligaciones dentro del sistema democrático y la ciudad estuvo en el origen, la democracia nació adentro de la ciudad.

Ahora también resurge el fenómeno de las ciudades porque como bien se decía en este Foro, el mundo es urbano. América del Norte es 81% urbana, en el Río de la Plata  93% y en Brasil el 85% de la población vive en ciudades. Las cuatro grandes ciudades de Latinoamérica, México, Río de Janeiro, San Pablo y Buenos Aires son más de 70 millones de habitantes. Hay 136 ciudades de más de 3 millones de habitantes en el mundo, hay 36 con más de 10 millones. El mundo transcurre, la vida de los humanos transcurre en ciudades fundamentalmente. Vivimos en una Nación, que es la atmosfera, pero nuestra vida transcurre en una ciudad, una región, una familia, un trabajo, en un medio de transporte que todos los días nos lleva a nuestro trabajo. Y que así como puede ser un magnifico instrumento de comunicación también lo es de tortura, porque cuando un ciudadano vive a dos o tres horas de su trabajo no puede ser un ciudadano satisfecho. Y esto hace también a la gobernabilidad democrática, aunque no lo parezca. Hoy el humanismo es uno de los conceptos esenciales adentro de la gobernabilidad democrática. Vemos esas protestas antes del campeonato del mundo en Brasil, las protestas estudiantiles en Chile, de algún modo nos están hablando de insatisfacciones. A Chile lo mirábamos como un paradigma de desarrollo, sin embargo por qué tanta protesta, por qué tanto enojo. Es el ascenso de las clases medias, que naturalmente van reclamando y poniendo  nuevas expectativas, generando nuevas ilusiones y necesidades.

Una sociedad del conocimiento, y como consecuencia, todo aquel que no accede a los conocimientos mínimos va a estar afuera. Tendemos a pensar en ricos, clases medias, pobres, hoy también  tenemos otro concepto que incorporar, muy distinto, la pobreza es un concepto económico pero la exclusión es un fenómeno fundamentalmente y estrictamente cultural.

Estamos en mundos distintos, en una sociedad del conocimiento en que ya no es ni la tierra, ni la industria. En una sociedad de la información, estamos todo el día agredidos de noticias que nos van hablando por la cercanía de un mundo a través de una mediación periodística que suele contar la anécdota pero no ver la historia. La información no es simplemente noticia, y el conocimiento no es solamente información, es una visión más compleja de la situación.

Y tenemos también esta sociedad de clases medias, que ha crecido y que está en la base de la sociedad de consumo. Con sus satisfacciones y sus insatisfacciones. La satisfacción que genera una sociedad de consumo que democratiza el acceso a bienes que antes estaban vedados y que sólo eran accesibles para los privilegiados. A su vez, genera el fenómeno de consumismo, que también supone un ciudadano normalmente satisfecho porque el consumo tiene esa patología. Y ese es el desafío que tiene la democracia, que precisa de ciudadanos y no de contribuyentes enojados o trabajadores inseguros.

Aparece entonces la necesidad de mirar la democracia porque es el receptáculo de todas esas insatisfacciones, y lo que puedan ser responsabilidades colectivas terminan atribuyéndose al sistema. Y hasta hoy no hemos podido encontrar los humanos nada más adecuado que la democracia liberal. Todos la invocamos, no siempre la cumplimos. Nuestra América Latina vota, desde hace ya algunos años, nos hemos alejado del fantasma de los gobiernos militares y ese tipo de oscurantismo pero tampoco tenemos una democracia estable, suficientemente satisfactoria, tampoco tenemos la democracia que queríamos en todas nuestras sociedades. Hay países que viven mal, con situaciones de conflicto, por ejemplo Venezuela. No comprometo a nadie, doy mi opinión, es un país que vive turbulencias económicas, sociales y políticas que no son dignas de un tiempo como el que vivimos. Felizmente no es eso la generalidad, y en todo caso eso nos lleva a reivindicar el valor de la separación de poderes, el valor de la justicia como elemento de equilibrio, como garante de los derechos, de la ley, porque es la ley un factor muy importante de seguridad jurídica.

Económicamente todos aspiramos a crecer. Para crecer tiene que haber inversión. Para que haya inversión tiene que haber seguridad jurídica y política. Y no sólo hablo de inversión extranjera, hablo de inversión nacional, porque el propio ciudadano del país si no se siente tranquilo, confiado que las políticas van a tener un cierto seguimiento, una continuidad, que los cambios de gobierno no van a significar el arrasamiento de lo anterior.

Desgraciadamente nuestra democracia todavía arrastra muchos de esos lastres de nuestra sociedad, el personalismo, el caudillismo personalista, los intentos de reeleccionismo eterno, son grietas en una democracia, allí la estabilidad pasa a ser eternidad pura y seca, como pasó en muchos de los países que creyeron que habían planificado todo y terminaron ahogando la iniciativa individual y yendo a la pobreza. Esa continuidad es fundamental, también tendemos en América Latina a eso que se ha llamado el mito adánico,  comenzamos de nuevo, y no es así, especialmente en el territorio de las metrópolis, que es un proceso de acumulación y corrección constante, siempre sobre lo edificado antes.

Naturalmente el político que está en una intendencia, en una gobernación, sin que haya sido ungido por el margen de las elecciones, la necesidad de contemplar reclamos que suelen a veces chocar con la visión de largo plazo, yo creo que es imprescindible, no se puede construir una represa para un día, pero si no se la construye hoy faltara energía mañana.

Hay una necesidad de previsión. Hubo un tiempo en que creíamos que todo podía planificarse. Luego hubo un tiempo en que nada debía planificarse. Y eso todo el mundo lo ha pagado caro. Pagó muy caro el exceso de planificación, y también la desregulación masiva. La crisis bancaria que se vivió en el mundo en 2008 y que también llego a América Latina es un ejemplo clásico. Da la impresión que los humanos sólo aprendemos con la crisis o por lo menos es donde advertimos lo que son los grandes fenómenos, hoy tenemos los bancos mucho más regulados, felizmente. Los tenemos aunque un 30% el crédito mundial circula por fondos de inversión que nadie regula, en el mundo desarrollado los llaman los bancos en la sombra. Diría que más que de sombras son de asombro, pensar lo que significa que un margen financiero tan enorme de movimiento de capital funcione sin ninguna regulación y previsión.

Tenemos hoy una economía mundial que en los próximos años no va a ser tan prometedora ni tan generosa como lo fue en la década pasada. Del 2003 en adelante nuestra América Latina vivió una excelente época, los términos de intercambio eran favorables. Don Raúl (Alfonsín) decía, cada vez tenemos que poner más toneladas de trigo y más toneladas de carne para comprar el mismo tractor. En estos diez años fue al revés, fue un tiempo en el cual teníamos que poner cada vez menos toneladas de soja, de trigo o de carne para comprar la misma computadora, o el mismo tractor. América del Sur creció, todos los países crecieron, con malos gobiernos, buenos gobiernos, gobiernos regulares, todos crecimos. Nos preguntamos entonces que hicimos con la bonanza. Si ese crecimiento se reveló en real desarrollo. El crecimiento solo no es desarrollo, no es bienestar, en la medida en que la distribución del ingreso no se adecúe. Allí tenemos la suerte más variada, hay países que despilfarraron, hay otros que aprovecharon mejor.

Esa bonanza se terminó, esa década de oro del comercio internacional se terminó. Y ahí tenemos también un desafío, salvo esos huecos financieros que mencione no se avizora una crisis, está claro que las materias primas ya no van a valer lo que valían. Al final en los ’90 la soja que valía U$S 150,  pasó a valer casi 600, y hoy está en 300 y tantos… la carne ni hablemos, la leche lo mismo. No vamos a una crisis, pero vamos a un tiempo de rigor donde se precisa gestión, administración, previsión, y que hay que vivir muy bien nuestras inversiones. Nuestra democracia tiene por delante grandes desafíos, tiene un desafío de crecimiento que supone más productividad, mas innovación, más competitividad imprescindible, no podemos aislarnos del mundo, tenemos que crecer hacia afuera, tenemos que producir con sentido de globalidad, porque también queremos tener el ultimo tomógrafo en el hospital, queremos tener en una nuestra casa el ultimo Smartphone y queremos tener la mejor televisión para ver nuestra película. Y eso sólo es comprable  en la medida en que estemos también en el mundo vendiendo, priorizando lo nuestro y valorizando nuestra materia prima. Esta década fue una prosperidad sólo a base de materia prima y esto también lleva un poco a preocupación porque luego requiere una mirada más fondo para pensar en el desarrollo.

Y ahí entonces desembocamos en una exigencia fundamental, que es la educación. Hoy el mayor desafío que tiene nuestra sociedad es el de la educación, no podemos imaginarnos triunfadores en la sociedad del conocimiento sin la formación de nuestros jóvenes en el nivel que lo tienen las naciones desarrolladas. Esto es muy importante, hay una prueba internacional, se llama Icfes, en la cual hay 67 países, hay 8 de Latinoamérica que nos evaluamos, y estamos entre el 53 y el 67. Mide el conocimiento en matemática, el lenguaje y el conocimiento general de ciencias en los chicos de 15 a 16 años. Los primeros 7 países son asiáticos en las últimas mediciones. Lo cual nos está diciendo que no hay ningún milagro chino ni coreano. No es milagro porque es la gente que más se esfuerza, que más se formó justamente para ese mundo. Los chinos siguen siendo comunistas, pero tienen una economía de mercado más global que nadie, están en el mundo y con un nivel de competitividad enorme. Este es el mayor desafío que tienen las democracias, el desarrollo económico y el desarrollo de nuestras ciudades.

Facundo Manes decía que la mayor batalla para la salud infantil es la educación de las madres. Y lo es. El analfabeto antes era alguien que no sabía leer ni escribir. El analfabeto hoy es, además de alguien que no sabe leer ni escribir, que no conozca el lenguaje de la computación. Es un analfabeto porque en el mundo hoy hay dos lenguajes que están funcionando.

Eso nos lleva entonces a pensar en una mejor democracia, tener una mejor previsión, para que predomine esa concordia que tanto invoca la Fundación Metropolitana. Y concordia no quiere decir opinar lo mismo, ni consenso unánime, porque nunca lo habrá. El día que lo haya quiere decir que estamos en una situación dictatorial, de autómatas. Siempre habrá diferencias  y siempre habrá partidos, felizmente que los hay, los partidos suelen tener mala prensa en nuestros países y sin embargo son imprescindibles, porque son los únicos que canalizan opinión. ¿Lo otro que son? las redes sociales convocando a la plaza. Y las redes sociales convocando a la plaza generan fenómenos tan espontáneos y tan celebrados como la primavera árabe, pero después que llenamos la plaza y que se cayó el gobierno ¿qué?

Hoy las famosas redes han generado un importante proceso, los medios de información tienen algo notable y es que acercan mucho más la noticia, el mundo, el descubrimiento. También estas redes tienen el pecado de la irresponsabilidad. Y las plazas públicas, importantes para expresarse, no sustituyen a los congresos. La sociedad tiene que tener representantes, la democracia necesita de ellos. Y eso supone también el compromiso de los ciudadanos, una formación cívica que requiere educación. Y la batalla por una mejor vida requiero eso. Hoy los reclamos son distintos. Hace 60 años el barrio era la entidad nuclear. No se vivía en la ciudad, se vivía en un barrio. No solo éramos porteños o montevideanos. Éramos de Flores, de Recoleta, de San Telmo o é de La Unión o del Cerro en mi ciudad. Luego eso fue desapareciendo,  fue borrado por un aluvión de modernidad que fue necesario en su tiempo. Y hoy estamos queriendo recuperar el barrio, estamos queriendo recuperar la vida cara a cara, estamos necesitando que esos bienes que la ciencia y la tecnología nos ponen a disposición nos lleguen efectivamente.  Y que sean un factor de bienestar y eso es la esencia del desarrollo. El desarrollo económico por sí mismo no es el objetivo, es un escenario en este momento para liberar las mejores potencialidades de cada ser humano y que se sienta reconciliado con la vida, con su esfuerzo, con el trabajo y con las posibilidades. Esa es la vida en las ciudades, es lo que estamos tratando de recrear, es lo que precisa la sociedad del conocimiento, lo que tiene que alentar la sociedad de la información.

La sociedad de la información nos genera a veces una sensación ilusoria, que estamos en el mundo. Nos estamos comunicando a distancia y a veces ni nos conocemos. Y tiene una ventaja, que es la enorme posibilidad de conocimiento que genera.

Y ahí vienen los desafíos de la sociedad civil y del poder público. La Fundación Metropolitana es sociedad civil trabajando junto al poder público. Durante años discutíamos si estado o sociedad, y esa tríada de estado, sociedad y mercado sigue siendo la base de la democracia, y ninguna tiene que desbalancearse en favor de la otra. La sociedad no puede llevarse por delante al estado, en nombre de todos los cuestionamientos ni ‘que se vayan todos’. El estado no puede  asfixiar las iniciativas de la sociedad, el mercado tiene que vertebrar el ritmo económico pero no puede sustituir los reclamos de la sociedad ni las políticas que en nombre del bienestar general tiene que construir el estado.

Y es esa triada la que tiene que funcionar. Y eso nos devuelve entonces la vida a las ciudades, nos devuelve a donde nacimos, donde nació la democracia, aquellas ciudades de Atenas donde nació el mejor de los sistemas, la democracia que más allá de sus defectos es el único sistema que ha permitido garantizar la libertad. Ya lo decían los griegos, Pericles en su célebre discurso de despedida, cuando decía que en el espacio público precisamos de un respetuoso respeto, para que podamos así subordinarnos a quienes nos suceden y muy especialmente a las leyes, sobre todo a los leyes que protegen a los más infelices. Pericles añadía ‘acá en Atenas amamos lo bello con sencillez’. La inteligencia sin soberbia. Seguía Pericles, ‘Creemos en la riqueza como un instrumento para ser y no como un motivo de vanagloria’. Y eso es en definitiva lo que estamos procurando. Terminaba Pericles diciendo ‘no es vergüenza en Atenas ser pobre, la vergüenza es no hacer nada para superarlo’.