La Plata, a cinco a√Īos del desastre

Luciano PugliesePOR LUCIANO PUGLIESE, FUNDACION METROPOLITANA – Desde que se inund√≥ La Plata, la Fundaci√≥n Metropolitana me invit√≥ a participar de este espacio cerca de cada aniversario del 2A. Trat√© de reflejar en cada oportunidad qu√© hay de nuevo en la ciudad y la regi√≥n a la luz del desastre: si nos estamos preparando para evitar repeticiones; si estamos adquiriendo conciencia sobre las restricciones que nos impone una ciudad inundable; si hay reparaci√≥n y sanci√≥n por las omisiones de pol√≠tica p√ļblica que podr√≠an haber sido dolosas. Es que desde el principio qued√≥ claro que la naturaleza se ensa√Ī√≥ con La Plata, pero la fatalidad no fue solo obra de la naturaleza.

Los a√Īos pasan r√°pido pero la realidad no siempre se transforma a la misma velocidad. En 2014, a solo un a√Īo de la gran inundaci√≥n, enfatiz√°bamos acerca de los costos de eludir eternamente respuestas de pol√≠tica p√ļblica a determinados problemas: ‚Äúno es verdad que toda decisi√≥n cr√≠tica pueda postergarse, que las inconsistencias y descoordinaciones puedan ocultarse, que podamos desentendernos del mediano y largo plazo apostando solo a invertir en lo que rinde comunicacionalmente hoy;¬† que alcance con actuar por espasmos frente a los desastres; que se pueda mantener un abismo entre el conocimiento y la acci√≥n; que los recursos humanos en el estado no deban ser objeto de pol√≠ticas para fortalecerlos y mejorarlos; que pueda declamarse una gesti√≥n urbana equitativa cuando hay sesgos marcados en la distribuci√≥n de recursos y beneficios a favor solo de algunos sectores, por acci√≥n u omisi√≥n. Tampoco es verdad que la transparencia e informaci√≥n p√ļblica deban quedar solo en la letra legislativa‚ÄĚ.

Era la reacci√≥n intensa desde la mirada de la gesti√≥n de pol√≠ticas p√ļblicas una vez que nos hab√≠amos dado de cabeza con la realidad de la peor manera. La pregunta a hacernos entonces es: ¬Ņcu√°nto estamos aprendiendo despu√©s de la inundaci√≥n en La Plata?

El a√Īo pasado, ya con un plan de grandes canalizaciones con pocos antecedentes en la historia de la regi√≥n ejecutado en un 60% por dos gobiernos, destac√°bamos lo significativo de esas concreciones. Es cierto que algunas de las obras fueron pensadas en 1933 despu√©s de otra gran inundaci√≥n!! Finalmente estaban (y siguen) en marcha. Pero tras cart√≥n se√Īal√°bamos qu√© aspectos se adeudaban todav√≠a desde un enfoque de reducci√≥n de riesgos, es decir desde una mirada m√°s comprehensiva sobre c√≥mo enfrentar estas amenazas.

Dec√≠amos tambi√©n que: 1) sin conocimiento p√ļblico sobre qu√© tormentas ‚Äúresiste‚ÄĚ la respuesta ‚Äúingenieril‚ÄĚ no hab√≠a noci√≥n del riesgo y por lo tanto posibilidad de actuar si las obras eran superadas: ¬Ņcu√°nto debe llover para qu√© ocurran qu√© problemas zona por zona?;¬† 2)¬† que la infraestructura de drenajes para conducir o retener aguas no es solo un tema de servicios en la v√≠a p√ļblica sino tambi√©n de formas de uso del suelo privado; porque la forma en que se ocupa el suelo contribuye o agrava el manejo del agua; 3) la gesti√≥n del riesgo h√≠drico implica antes que nada, prepararse por si la inundaci√≥n sucede. Eso implica capacidad de alertar, organizaci√≥n de medios p√ļblicos, y (muy importante) comunicaci√≥n y aprendizaje social sobre el riesgo, qu√© esperar de las autoridades y c√≥mo comportarse, siempre pensando que los m√°s vulnerables son los m√°s pobres; 4) las agencias del estado deben coordinarse.

La foto de este 2A muestra que las obras anunciadas han avanzado bastante aceleradamente (hoy están en casi el 80%) por más que resten innumerables problemas de detalle como interferencias de servicios troncales con los conductos, relocalizaciones pendientes o problemas con algunas licitaciones clave. También es cierto que se trabajó menos en las cuencas menores que pueden estar proporcionalmente más expuestas al riesgo. Pero es un dato cierto que buena parte de la ciudad tendrá menos problemas frente a determinadas lluvias. Eso sí, cuando estén plenamente terminadas.

No obstante, pese a los intentos, poco o nada hay de avanzado en todo lo dem√°s. Hay un problema: ‚Äútodo lo dem√°s‚ÄĚ a veces es poco relevante para el sentido com√ļn que asimila ‚Äúobra p√ļblica‚ÄĚ a soluci√≥n definitiva. Pasa que la experiencia y el estado del conocimiento indican otra cosa.

¬ŅQu√© novedades hubo? La informaci√≥n p√ļblica, clara y accesible sobre qu√© protecci√≥n brindan las obras, y cu√°l es el plan a largo plazo del que siempre se habl√≥, sigue ausente como iniciativa de las autoridades. No hay posibilidad de un debate informado. Algunas cosas se van sabiendo en parte a ra√≠z de un juicio por acceso a la informaci√≥n p√ļblica iniciado por algunos vecinos. Y muestran por ejemplo que los escenarios de tormenta siguen siendo los estudiados y estilizados por estudios del a√Īo 1984 cuando hay evidencia de un creciente agravamiento en los √ļltimos 20 a√Īos. Aun con esos viejos datos, se van entreviendo las limitaciones en la capacidad de encauzamiento otorgada al principal de los arroyos, el Del Gato, agravadas si se hicieran otra serie de obras necesarias para que las distintas zonas de la ciudad puedan drenar hacia los cursos principales. Seguramente debiera pensar en retenerla. Es posible que haya nuevos balances de beneficiados y afectados. Por lo pronto, el curso principal rebasar√≠a para tormentas de mucha menor frecuencia que la que se considera para el sistema Matanza Riachuelo, entre otras cuencas. Un detalle que habla de estilos de gesti√≥n: los datos que alimentan los (ya viejos) modelos de simulaci√≥n est√°n en manos de una consultora, no son de propiedad p√ļblica.

En materia de organizaci√≥n de un sistema para actuar frente a contingencias que inevitablemente se producir√°n cada cierta cantidad de a√Īos superada la capacidad de las obras, (lo primordial y menos oneroso), queda demasiado por hacer. Hay nuevo equipamiento para mejorar las predicciones de lluvia, pero ning√ļn procedimiento y equipos para evaluar el comportamiento de la ciudad y su¬† sistema h√≠drico en el mismo momento en que cae. Lo fundamental, que es la estrategia de comunicaci√≥n p√ļblica, internalizaci√≥n social del riesgo y entrenamiento mediante simulacros, sigue inexplicablemente ausente o es francamente imperceptible. Los¬† establecimientos escolares y de salud en zonas cr√≠ticas siguen sin medidas de protecci√≥n y planes de contingencia. El 2A fue ‚Äúafortunadamente‚ÄĚ feriado. No se conoce que se hayan hecho simulacros de ning√ļn tipo. Hay nuevo equipamiento para los equipos de Protecci√≥n Civil, probablemente otra preparaci√≥n de los agentes estables y nuevos protocolos de acci√≥n. Pero el protocolo en la √©poca del 2A ten√≠a varios tomos.

Se anuncia para este a√Īo un debate sobre modificaciones al c√≥digo de ordenamiento urbano de la ciudad. Veremos de qu√© manera la nueva norma controlar√° din√°micas urbanas que reproducen los problemas que nos trajeron hasta ac√°. Poco se ha visto sobre coordinaci√≥n interestatal. Por lo pronto, el Comit√© de Cuenca que involucra a los tres municipios de la regi√≥n (La Plata, Berisso y Ensenada) no parece funcionar. Finalmente, aunque se sab√≠a de sobra sobre el colapso de la infraestructura y hay grandes sospechas sobre la manera de computar las v√≠ctimas, hay solo dos funcionarios de bajo rango con cargos menores.

En el fondo, y volviendo al principio, sigue vigente la misma pregunta. ¬ŅEstamos aprendiendo lo suficiente? La pol√≠tica tiene una responsabilidad central. La sociedad tiene que hacer tambi√©n su parte no olvidando que nos hab√≠amos inundado muchas veces antes. El desastre obliga a colocar para este tema una vara inevitablemente alta.