Aportes al nuevo c贸digo urban铆stico – POR MARGARITA CHARRIERE

POR ARQ. MARGARITA Marga Julio 2014CHARRIERE,DIRECTORA DEL OBSERVATORIO METROPOLITANO Y PRESIDENTA DE LA COMISION DE URBANISMO DEL CPAU聽–聽Cuando el gobierno se propone cambiar substancialmente las reglas del juego que rigen la construcci贸n en la ciudad, cabe preguntarse: 驴Cu谩les son los motivos que impulsan una modificaci贸n del C贸digo de Planeamiento Urbano (CPU) vigente o su completo reemplazo por un Nuevo C贸digo Urban铆stico (NCU) como punto de partida? 驴Mayor constructibilidad? 驴Mayor legibilidad o transparencia en los mecanismos de gesti贸n privada? 驴Mayor densificaci贸n habitacional?

La renovaci贸n del CPU supone la oportunidad de revisar de manera integral un instrumento de larga data, que ha sido modificado puntualmente en numerosas ocasiones, a la vez que abre la posibilidad de discutir el papel de la planificaci贸n urbana y territorial en un nuevo escenario metropolitano.

En este marco, la primera dificultad que se presenta a la hora de analizar el documento del NCU, es la ausencia de un Modelo Territorial que sirva de base para la propuesta. No se ha cumplido el Art. 29 de la Ley 2930, ya que el Plan Urbano Ambiental aprobado no ha territorializado los lineamientos de la estructura urbana deseada y sus desarrollos futuros. Adem谩s, por su falta de actualizaci贸n, dista de la ciudad existente, constituyendo 茅sta la principal problem谩tica de partida para la formulaci贸n del NCU.

Desde mediados del 2016, en el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), venimos discutiendo y trabajando sobre las propuestas de la Subsecretar铆a de Planeamiento para el Nuevo C贸digo Urban铆stico (NCU) de la Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires, con un grupo de profesionales convocados en su car谩cter de especialistas en la tem谩tica.

En virtud de que las sucesivas propuestas del GCBA (la actual es la versi贸n 11) se presentaron como 鈥渂orradores鈥 sujeto a revisiones y observaciones durante el proceso participativo, y con el objetivo de generar una opini贸n fundada sobre cu谩les son los problemas y/o beneficios de los cambios normativos propuestos que regir谩n la construcci贸n de la ciudad en los futuros a帽os, elaboramos documento que titulamos «Aportes a la formulaci贸n del C贸digo Urban铆stico鈥, que fue entregado al GCBA en conjunto con el Centro Argentino de Ingenieros y el Consejo Profesional de Ingenier铆a Civil, en septiembre del 2017.

Dando respuesta a lo que en su momento se quiso llamar 鈥淐贸digo Morfol贸gico鈥 pero que ha hecho mucho hincapi茅 en la homogenizaci贸n de alturas, y una suerte de 鈥減enalizaci贸n鈥 a los edificios en torre, en ese documento reclam谩bamos una visi贸n m谩s de planeamiento que de morfolog铆a.

Limit谩ndose a estos aspectos, el NCU deja al margen diversas cuestiones y reproduce sin modificar gran parte de la actual legislaci贸n vigente desde 1977 y sus varias actualizaciones. Para grandes sectores de la ciudad conformados por las 谩reas que abarcan las APH y los distritos U, se ha trasladado una buena parte del C贸digo tal cual est谩 hoy vigente, homogeneizando las zonas de alrededor. Sin embargo, no se han abordado la cuesti贸n metropolitana, los problemas de transporte, de acceso a la vivienda, sistemas de espacio y equipamiento p煤blico, etc.

M谩s all谩 de las cuestiones puntuales, es necesario aclarar que esta ausencia de planeamiento acompa帽a el desarrollo tendencial de la ciudad sin generar nuevos escenarios deseados.

Una cuesti贸n importante es la ausencia de datos acerca de la real capacidad de crecimiento a partir de los cambios propuestos. A partir de la informaci贸n proporcionada por el GCBA, que adem谩s ha ido variando en las diferentes versiones del borrador de C贸digo, es imposible saber d贸nde se crece y donde se pierde edificabilidad.

Lo que s铆 se sabe es que los terrenos vendidos o en venta por la AABE gozan de una normativa especial que permite alturas significativamente mayores a las del resto de la ciudad, avalando la construcci贸n de edificios torre.

En este sentido, desde los inicios de la discusi贸n abogamos por la necesidad de herramientas o instrumentos claros de captaci贸n de plusval铆as en los casos en que la norma provea de una mayor constructividad. Consideramos que estos instrumentos de captaci贸n de plusval铆as deben incluirse en la iniciativa y no, como est谩 planteado hasta ahora, como una Ley aparte y tratada a posteriori.

El beneficio que adquiere el desarrollador debiera repercutir tambi茅n en beneficios a la poblaci贸n, por ejemplo, para infraestructura, espacio libre o equipamiento p煤blico, y esto debe salir de una modificaci贸n del c贸digo. En la misma direcci贸n, el cupo o porcentaje de vivienda social debiera ser obligatoria en las nuevas 谩reas de desarrollo urbano sujetas a convenio.

Con los nuevos sistemas de informaci贸n geogr谩fica, los datos que se poseen de cada parcela, y con la modelaci贸n de todas las manzanas en tres dimensiones que maneja el Gobierno de la Ciudad, estos c谩lculos debieran ser muy transparentes, as铆 como la evaluaci贸n del grado de resistencia o la capacidad de transformaci贸n real de los tejidos. Por ejemplo, una avenida que sea un 茅xito en lo comercial, por m谩s altura que permita el C贸digo tardar谩 mucho en 鈥渉acer saltar鈥 una actividad que funciona sin necesidad de aumentar su superficie edificada.

Otro tema a destacar es el concepto de la mixtura funcional, plante谩ndose la duda sobre la pertinencia de cualquier uso en cualquier parte. Por el contrario, consideramos que la regulaci贸n de usos permitidos es una herramienta esencial para garantizar la organicidad funcional del tejido existente que no deber铆amos perder. Lo que significa concentrar ciertos equipamientos de buena accesibilidad, o fomentar esas relaciones y preservar algunos criterios sobre algunos lugares que son m谩s familiares y de vivienda.

Si los usos centrales son m谩s rentables que la habitaci贸n en t茅rminos de la explotaci贸n, se puede inferir que no se priorizar谩 la vivienda. Porque adem谩s no se acompa帽a de otras medidas que son herramientas de planeamiento: de planes, programas, incentivos, etc. El Gobierno deber铆a dar cuenta de esto y hacer un an谩lisis del significado de esta situaci贸n dado el objetivo de aumentar la densidad habitacional de la Ciudad y acompa帽ando tambi茅n con programas sobre los sectores m谩s desfavorecidos.

En muchos lugares del mundo y en muchas cuestiones donde interviene el Estado hay una obligaci贸n de un cupo de vivienda social. Francia lo tiene en un 30% y se cumple con ello porque existe una obligaci贸n legal que contempla la inclusi贸n. Aqu铆, esa inclusi贸n no se ha previsto y se sigue operando paleando las consecuencias sobre la precariedad del h谩bitat.

Finalmente nos preguntamos cu谩l es la razonabilidad de proponer un «nuevo c贸digo» si grandes 谩reas de la ciudad no est谩n analizadas ni comprendidas en la propuesta, si los distritos que han logrado un grado de coherencia e identificados con buenas tipolog铆as son atravesados por m谩s de tres alturas y diversos l铆mites, si no se ha tenido en cuenta la escala metropolitana, si no existe una respuesta a los criterios de la ley 71, entre otras cosas. A煤n no aprobado el modelo territorial se podr铆a dar respuesta a sus enunciados planteando la calificaci贸n de los subcentros a partir de los usos, calificando la ribera ausente de mirada, proponiendo la tan mentada transversalidad con un proyecto de transporte que garantice la comunicaci贸n en red, garantizar el acceso a la vivienda social con inclusi贸n en los proyectos que se dotan de normas especiales, y un sinf铆n de etc茅teras.