El 7 de abril de 2026, la comunidad internacional conmemora el Día Mundial de la Salud bajo el lema “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia”. Este evento, que da inicio a una campaña anual orientada a destacar el poder de la colaboración científica multilateral, tiene como eje central el enfoque de “Una sola salud” (One Health), una perspectiva que subraya la interconexión entre la salud humana, animal, vegetal y medioambiental.
Sin embargo, este llamado a la integración científica internacional coincide con un suceso geopolítico y administrativo sin precedentes para el país: el 17 de marzo de 2026 se oficializó la salida de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS), al cumplirse el plazo formal de un año desde la notificación de la denuncia del tratado, iniciada en 2025. Esta divergencia entre la agenda multilateral y la decisión del Estado argentino plantea interrogantes fundamentales sobre el diseño y la ejecución de las políticas públicas sanitarias nacionales en el corto y mediano plazo.

Fundamentos políticos y reconfiguración geopolítica
La desvinculación argentina de la OMS, organismo especializado de las Naciones Unidas del cual el país era miembro desde su fundación en 1948, responde a una directriz estipulada por la actual administración del gobierno nacional. Los argumentos centrales esgrimidos se basan en una crítica a la gestión del organismo durante la pandemia de COVID-19. Los documentos oficiales sostienen que la OMS fomentó modelos de confinamiento prolongado que derivaron en severas consecuencias económicas y sociales, sin lograr evitar un alto costo en vidas humanas, cifrado a nivel nacional en más de 130.000 fallecimientos.
En términos de política exterior, la medida refleja un reajuste en las alianzas internacionales. La salida se alinea de manera directa con la postura adoptada por el gobierno de los Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, consolidando un bloque crítico frente a las actuales estructuras del multilateralismo. El Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Salud de la Nación argumentó que organismos como la OMS exceden sus competencias técnicas, limitando la soberanía y la capacidad de los Estados miembros para definir sus propias políticas sanitarias. Por tal motivo, el gobierno ya había anticipado en 2024 su rechazo a suscribir el denominado «tratado pandémico», priorizando la autonomía regulatoria.

La paradoja de los modelos de gestión: una mirada a la mortalidad comparada
Si bien los argumentos oficiales para justificar la desvinculación de la OMS se centran en el impacto económico y social de las medidas de aislamiento, el análisis comparativo de la mortalidad en la región ofrece un panorama que matiza esta postura. Al observar los decesos por habitante, la evidencia epidemiológica demuestra que los esquemas de confinamiento, a pesar de sus costos colaterales, lograron mitigar el impacto letal del virus en comparación con los países que adoptaron posturas más laxas o de rechazo a las restricciones tempranas.
Al cierre de la emergencia sanitaria internacional, Argentina registró aproximadamente 2.870 muertes por cada millón de habitantes. Esta cifra, aunque usada como prueba de fracaso por la actual administración, resulta significativamente inferior a la de los Estados del continente que se negaron a aplicar restricciones estrictas a la circulación. Brasil, bajo la gestión de Jair Bolsonaro, superó las 3.220 muertes por millón, mientras que Estados Unidos, durante la administración de Donald Trump, alcanzó los 3.630 fallecidos por millón de habitantes.
| País | Enfoque sanitario predominante (2020-2021) | Muertes por millón de habitantes |
| Perú | Confinamiento estricto (pero vulnerado por la informalidad laboral) | 6.531,63 |
| Estados Unidos | Laxo / Delegado a los estados (Gestión Trump) | 3.633,87 |
| Brasil | Laxo / Negacionista a nivel federal (Gestión Bolsonaro) | 3.324,47 |
| Argentina | Confinamiento temprano y prolongado (Gestión Fernández) | 2.873,16 |
| México | Laxo / Restricciones moderadas (Gestión López Obrador) | 2.533,36 |
Este contraste expone una contradicción fundamental en la narrativa oficial: el modelo sanitario que hoy se busca emular al abandonar el multilateralismo es, precisamente, el que arrojó los peores resultados en términos de preservación de la vida frente a la pandemia.
Implicancias directas en la formulación de políticas públicas
El abandono de la OMS conlleva modificaciones concretas en la arquitectura de la salud pública nacional. Desde la perspectiva de diversos especialistas, centros de investigación como el Conicet y organizaciones de la sociedad civil enfocadas en la salud global, la medida presenta riesgos vinculados a la pérdida de asistencia técnica continua, la desconexión de los sistemas de alerta epidemiológica temprana y el aislamiento relativo de la comunidad científica global.
La OMS opera como un ente rector que estandariza protocolos, aprueba certificaciones y coordina la transferencia de tecnología ante emergencias. En ausencia de este marco, el Estado argentino tendrá que asumir de forma independiente la validación de normativas que anteriormente adoptaba mediante recomendaciones internacionales. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, advirtió que la seguridad sanitaria requiere de universalidad, indicando que la marginación de estos foros incrementa la vulnerabilidad ante futuras crisis.

Por otro lado, la decisión implica un cese en el pago de la contribución anual a la OMS, calculada en base al PBI y la población, fondos que el gobierno nacional proyecta reasignar o ahorrar, argumentando que la cooperación internacional puede sostenerse mediante acuerdos bilaterales directos, sin la intermediación burocrática.
El rol estratégico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)
Un factor determinante para amortiguar el impacto de esta salida es la permanencia de la Argentina en la Organización Panamericana de la Salud (OPS). A diferencia de la vinculación con la OMS, el Estado nacional mantiene su estatus en el organismo regional. Esta distinción es vital para la logística sanitaria del país, particularmente en el área de inmunizaciones.
La continuidad en la OPS garantiza el acceso al Fondo Rotatorio, un mecanismo de cooperación solidaria mediante el cual los países de las Américas agrupan su demanda para la adquisición de vacunas, jeringas y suministros afines. Esta compra a escala permite a la Argentina acceder a precios significativamente menores a los que obtendría negociando de manera individual con los laboratorios farmacéuticos. Asimismo, las líneas de crédito internacional destinadas a programas de salud suelen canalizarse a través de entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las cuales no se ven directamente interrumpidas por la salida de la OMS.
El desafío de la gestión sanitaria en el nuevo escenario
El lema del Día Mundial de la Salud 2026, “Apoyemos la ciencia”, resalta la necesidad de basar las decisiones de salud pública en evidencia empírica. Con la formalización de su salida de la OMS, la Argentina se enfrenta al desafío de demostrar que puede mantener estándares de excelencia científica, vigilancia epidemiológica y respuesta rápida operando por fuera del principal nodo global de salud.
El éxito de la política pública sanitaria en esta nueva etapa va a depender de la capacidad del Estado para forjar acuerdos bilaterales sólidos y optimizar su participación en organismos regionales como la OPS. Además, requerirá el fortalecimiento de las instituciones de investigación internas para suplir el andamiaje técnico que históricamente proveyó la Organización Mundial de la Salud.
Sin embargo, este requerimiento fundamental entra en tensión al materializarse en un contexto de marcada desfinanciación del sistema científico y tecnológico nacional. La viabilidad de este nuevo esquema de soberanía sanitaria va a quedar atada, en definitiva, a cómo se resuelva la contradicción entre la urgencia por garantizar una mayor autonomía técnica y las actuales restricciones presupuestarias sobre los sectores encargados de producir dicha ciencia local.