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Giro en el INDEC: Se suspende el nuevo IPC y se seguirá midiendo la inflación con la canasta de 2004

Lo que iba a ser una actualización integral en la medición del costo de vida quedó suspendido. A pocos días de que se conozca el dato de inflación de enero de 2026, el Gobierno decidió suspender la implementación de la nueva metodología del Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Esta decisión desencadenó la renuncia del titular del INDEC, Marco Lavagna, y confirmó que el organismo seguirá calculando la inflación con la estructura vigente desde hace dos décadas, descartando por el momento la actualización que buscaba representar con mayor precisión los patrones actuales de consumo.

Qué cambia (y qué no) con esta decisión

La intención original del organismo técnico era comenzar a utilizar, a partir de los datos de enero de 2026, una nueva canasta basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2017 y 2018. Sin embargo, el Ministerio de Economía argumentó que esos datos ya habían quedado desactualizados por el paso del tiempo y la pandemia, y que además no era el momento político adecuado para aplicar cambios metodológicos mientras se busca consolidar la baja de la inflación.

Esto genera una paradoja estadística notable en la medición oficial. Al rechazar la canasta de 2018 bajo el argumento de su antigüedad, el INDEC queda obligado a seguir utilizando la base de 2004. En la práctica, esto significa que la inflación de enero se medirá rastreando precios de una canasta de consumo diseñada a principios de siglo, la cual incluye artículos que hoy son prácticamente piezas de museo, como las máquinas de fax, los cassettes VHS, los disquetes, el alquiler de películas en videoclubes y los servicios de locutorio. En contrapartida, este esquema antiguo subrepresenta o ignora el peso de la economía digital y los servicios modernos que la metodología suspendida sí contemplaba.

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Las diferencias en la canasta: por qué importa el peso de los servicios

El corazón de la discusión técnica y política radica en cómo se distribuyen las ponderaciones, es decir, cuánto influye cada gasto en el número final del índice. El esquema que impulsaba Lavagna y que fue descartado proponía un reordenamiento donde los alimentos perdían protagonismo para dárselo a los servicios. En la nueva medición, el rubro de alimentos y bebidas bajaba su relevancia del 26,9% al 22,7%, mientras que la indumentaria caía del 9,9% al 6,8%.

La diferencia crucial estaba en los servicios públicos. En la canasta suspendida, los gastos de vivienda, electricidad, gas y agua pasaban de representar el 9,4% al 14,5% del presupuesto familiar, y el transporte subía al 14,3%. Al frenar este cambio, se evita que el índice sea más sensible a los aumentos de tarifas. Dado que el Gobierno se encuentra en pleno proceso de ajuste de precios relativos y quita de subsidios, el nuevo índice, al darle más peso a la luz, el gas y el colectivo, hubiera arrojado una inflación acumulada superior a la que muestra el índice viejo

 

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Cómo se medirá la inflación de enero

Ante este escenario de cambios suspendidos, el dato que el INDEC dará a conocer en febrero corresponderá estrictamente a la metodología tradicional con base 2004. Esto implica que el índice seguirá siendo extremadamente sensible a lo que suceda con los precios de los alimentos y bebidas, que mantienen una ponderación alta.

Al mismo tiempo, el uso de la vieja fórmula funcionará como un amortiguador estadístico frente a los fuertes aumentos en los servicios públicos, ya que estos rubros tienen una participación mucho menor en la estructura de gastos de hace veinte años. Así, el cambio metodológico, considerado un estándar internacional necesario para la credibilidad estadística, quedó sin fecha de aplicación, manteniendo un sistema de medición que lleva 22 años sin actualizarse frente a los nuevos hábitos de los argentinos.