En el marco de la celebración del Día Mundial del Urbanismo 2025, fuimos convocados por Tejido Urbano, junto a la Academia de Arquitectura y Urbanismo (AcAU), la FADU-UBA y el CPAU, para debatir sobre un eje que define nuestra razón de ser: «La Cuestión Metropolitana». La jornada, que reunió a referentes académicos, técnicos y políticos, no fue solo un acto conmemorativo, sino un espejo donde se reflejaron dos realidades: la urgencia estancada del AMBA y la esperanza institucional que asoma en otras regiones del país.
Desde la Fundación Metropolitana, llevamos más de dos décadas sosteniendo que los problemas reales de la ciudadanía (el transporte, los residuos, la cuenca hidrográfica, la seguridad) no reconocen las fronteras que dibujan los mapas políticos. Durante su intervención en el panel, nuestro presidente, Gastón Urquiza, fue contundente al describir la situación actual del Área Metropolitana de Buenos Aires: nos encontramos ante una región “hiperdiagnosticada y subjecutada”.
Contamos con bibliografía de sobra. Desde los lineamientos estratégicos de 2007 hasta la actualidad, sabemos qué hay que hacer. Sin embargo, perdimos oportunidades históricas para institucionalizar la gobernanza. Ni la alineación partidaria entre Nación, Provincia y Ciudad en años anteriores, ni la brutal evidencia de interdependencia que nos arrojó la pandemia, fueron suficientes para consolidar una mesa de coordinación permanente. Hoy, el AMBA sigue siendo la zona más desigual de la Argentina, gestionada por una burocracia fragmentada que diluye la eficacia de las políticas públicas.
Esta fragmentación no es solo un problema administrativo; es un lastre económico. En este sentido, Gabriel Lanfranchi, introdujo el concepto del «Metro Gap» o vacío metropolitano: esa ausencia de sujeto político que deja sin voz a un tercio de la población mundial. Lo más relevante de su aporte fueron los datos duros: según la OCDE, la falta de coordinación metropolitana se correlaciona directamente con una pérdida de entre tres y seis puntos del Producto Bruto Geográfico. En un país que necesita desesperadamente optimizar recursos, coordinarnos no es una opción ideológica, es una necesidad productiva.
La experiencia del Ente de Coordinación Metropolitana de Rosario (ECOM), detallada por la arquitecta Mirta Levin, demostró que la institucionalidad es posible incluso en contextos adversos. El ECOM es la prueba de que, cuando existe voluntad política y una agenda común clara (residuos, movilidad, suelo), una asociación voluntaria de municipios puede gestionar financiamiento internacional y ejecutar obras transformadoras, superando la lógica de la competencia entre intendentes.
El diputado Joaquín Blanco, expuso los alcances de la Reforma Constitucional de Santa Fe de 2024. Estamos ante un hito: por primera vez, una constitución provincial consagra a las áreas metropolitanas como entes vinculantes y democráticos. Y lo que es más importante, establece los incentivos correctos: la integración metropolitana será un indicador para la coparticipación. Es decir, la cooperación dejará de depender del voluntarismo para convertirse en una política de Estado premiada económicamente.
Para cerrar, nos llevamos de este encuentro la ratificación de una postura que venimos militando: si la gobernanza no desciende «de arriba hacia abajo» por decisión de las grandes estructuras nacionales, debemos construirla «de abajo hacia arriba».
Agradecemos a Enrique García Espil, Federico Kelly, Graciela Brandaris y a todos los organizadores por abrir este espacio. El urbanismo, como se dijo en la jornada, es una práctica colectiva orientada a mejorar la vida. Y en el siglo XXI, esa vida transcurre en metrópolis que exigen, de una vez por todas, ser gobernadas como tales.




















