El Riachuelo ha sido históricamente uno de los espacios más degradados del Área Metropolitana de Buenos Aires. Sin embargo, en los últimos años comenzó a emerger una nueva oportunidad: transformar este antiguo límite urbano en un eje de conectividad, actividad social, recreación y desarrollo urbano sostenible para el sur de la Ciudad de Buenos Aires.
Un reciente informe que elaboramos desde Fundación Metropolitana para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires analiza la factibilidad de promover la navegación deportiva, recreativa y turística en distintos tramos del Riachuelo, junto con un conjunto de intervenciones urbanas y ambientales orientadas a recuperar el vínculo de la ciudad con su entorno acuático.
La propuesta se organiza en tres grandes nodos de intervención, articulados por un eje transversal clave: el Camino de Sirga, concebido como columna vertebral del futuro Biocorredor Urbano del Riachuelo.
Nodo 1: Vuelta de Rocha – Barraca Peña: un nuevo nodo escénico y turístico
El primer nodo integra Vuelta de Rocha y Barraca Peña como una única unidad paisajística. La idea no es intervenir puntos separados, sino consolidar todo ese borde como un corredor escénico y peatonal continuo.
En este sector de La Boca y Barracas se concentran algunos de los principales hitos patrimoniales y culturales del sur de la ciudad: el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, Caminito, museos, espacios culturales y antiguos muelles portuarios.
Allí se propone reforzar la continuidad urbana a través de paseos ribereños, muelles y plataformas flotantes, miradores y mejoras en los accesos. La refuncionalización del entorno del Puente Transbordador y la articulación con Caminito y el circuito turístico existente permitirían ampliar la centralidad cultural y turística del sur.

El efecto esperado es claro: que el río deje de ser un telón de fondo y pase a formar parte de la experiencia cotidiana de quienes viven y visitan el barrio, generando actividad económica vinculada a gastronomía y servicios, mayor presencia peatonal y revalorización del suelo urbano en sectores hoy degradados.
El objetivo es que este tramo deje de ser un borde degradado y pase a ser una puerta de entrada al Biocorredor Sur del Riachuelo.
Nodo 2: Puerto Náutico Villa 21-24: el río como espacio de inclusión
En el margen de la Villa 21-24 ya funciona un pequeño puerto donde el club barrial desarrolla actividades de remo. El informe propone potenciarlo como un espacio comunitario, deportivo y educativo.
El informe reconoce esa práctica existente y propone fortalecerla mediante la consolidación de infraestructura adecuada —ampliación del muelle, mejora de instalaciones y equipamientos complementarios— que permita sostener y ampliar las actividades deportivas, educativas y ambientales.

En este punto, el proyecto busca acompañar y escalar una iniciativa que ya demostró capacidad de arraigo. El río adquiere así una dimensión social concreta: pasa de ser límite a convertirse en espacio de pertenencia. La intervención apunta a consolidar ese proceso, brindando condiciones más seguras y estables para que el deporte y la formación ambiental sigan creciendo como herramientas de integración y apropiación del borde ribereño.
Nodo 3: Sistema deportivo y territorial del sur: remar, navegar y reconectar territorio
El tercer nodo se proyecta en el tramo más rectificado del Riachuelo, en vinculación con el Parque Roca, la Villa Olímpica, la Reserva Ecológica Sur y el Arroyo Cildañez.
Se propone desarrollar una pista metropolitana de remo y canotaje, integrando los lagos de Lugano y Regatas y equipamientos deportivos existentes para consolidar un sistema deportivo del sur. El proyecto incluye la recuperación paisajística del Arroyo Cildañez.

En este sector, el agua funciona como soporte de una nueva centralidad territorial, capaz de atraer eventos, actividad recreativa y circulación de visitantes. La intervención no solo impactaría en términos deportivos, sino también en la integración paisajística y en la activación económica del entorno.
El Camino de Sirga: eje transversal del sistema
Si los nodos representan puntos de intensidad, el verdadero soporte del proyecto es el Camino de Sirga. Más que un paseo ribereño, funciona como la infraestructura que garantiza continuidad y coherencia al conjunto de intervenciones.
Históricamente vinculado a la tracción de embarcaciones desde la costa, el Camino de Sirga adquiere hoy un sentido urbano distinto: es el corredor que permite recorrer el borde del Riachuelo de manera continua, articulando espacios públicos, equipamientos, áreas deportivas y sectores residenciales. Su consolidación no solo mejora la accesibilidad peatonal y ciclista, sino que transforma un límite fragmentado en una secuencia urbana legible y transitable.

El informe lo concibe como un eje transversal que atraviesa los tres nodos y los integra en un sistema único. Sin esa continuidad, cada intervención correría el riesgo de quedar aislada. Con ella, en cambio, el Riachuelo puede leerse como un corredor metropolitano.
Además, el Camino de Sirga no se limita a la margen de la Ciudad. También existe en la ribera opuesta, lo que abre la posibilidad de pensar una articulación interjurisdiccional a escala de cuenca. En este sentido, su fortalecimiento no es solo una mejora del espacio público, sino una herramienta de integración territorial más amplia.
Infraestructura verde, azul y gris: una ciudad más resiliente
El proyecto se apoya en la idea de que la resiliencia urbana no se construye con una única herramienta, sino con la articulación de distintas capas de infraestructura que operan de manera complementaria.
Por un lado, la infraestructura verde —vegetación ribereña, parques, incorporación de especies nativas y tratamiento paisajístico— cumple una función ambiental y social. No solo mejora la calidad del espacio público, sino que contribuye a la absorción de excedentes hídricos, mitiga el efecto de isla de calor y fortalece la biodiversidad urbana.
En paralelo, la infraestructura azul reconoce al sistema hídrico como estructura activa del territorio. El río, los sistemas de drenaje y las conexiones con arroyos y lagunas no son meros soportes escénicos, sino componentes estratégicos para gestionar el agua en un contexto de eventos climáticos cada vez más extremos.
A esto se suma la infraestructura gris —muelles, equipamiento urbano, accesos, intervenciones de soporte— que permite que el conjunto funcione operativamente y habilite nuevos usos.
En ese marco, el informe incorpora intervenciones ambientales orientadas a mejorar las condiciones del agua y hacer viable una mayor navegación recreativa y deportiva. Entre ellas se contemplan sistemas de aireación para incrementar los niveles de oxígeno, tecnologías como la barrera de burbujas —capaz de interceptar residuos flotantes sin obstaculizar el tránsito de embarcaciones— y tareas de dragado ambiental selectivo en sectores donde la sedimentación limita la circulación.
Más que acciones aisladas, se trata de un enfoque integral donde paisaje, técnica y gestión ambiental convergen para transformar al Riachuelo en una infraestructura urbana activa y resiliente.
Un nuevo escenario para la navegación urbana
Actualmente, la navegación turística en el Riachuelo se limita al recorrido de los catamaranes entre Puerto Madero y La Boca. Sin embargo, una experiencia piloto supervisada por ACUMAR demostró que es técnicamente viable extender la navegación hasta el Viejo Puente Pueyrredón.

Además, la Resolución de la Corte Suprema de octubre de 2024 amplió las facultades de ACUMAR para autorizar mayor navegación, lo que abre una ventana estratégica para integrar los distintos tramos ribereños y consolidar un circuito fluvial metropolitano.
El Riachuelo como motor de desarrollo urbano
Más allá de lo ambiental y lo recreativo, la propuesta apunta a un objetivo estructural: impulsar una nueva policentralidad urbana en el sur de Buenos Aires.
La activación del Riachuelo permitiría:
– Revalorizar suelo urbano hoy degradado
– Atraer inversiones y turismo
– Generar empleo local
– Mejorar la calidad de vida
– Integrar barrios históricamente aislados
En este enfoque, el río deja de ser un pasivo ambiental para convertirse en un activo estratégico de la ciudad.
El informe plantea una transformación profunda: que el Riachuelo deje de ser una frontera y pase a ser una columna vertebral del desarrollo urbano, ambiental y social.
La combinación de navegación, espacio público, patrimonio, deporte y restauración ecológica abre la posibilidad de construir un nuevo paisaje urbano, capaz de conectar el norte y el sur de la ciudad y proyectar al Riachuelo como un símbolo de la Buenos Aires del siglo XXI.

















