Humedales, apuntes para una hoja de ruta

lanzeta-300x257POR M脕XIMO LANZETTA, FUNDACI脫N METROPOLITANA –聽聽Las cat谩strofes suelen marcar la conciencia colectiva y colocar un tema como prioridad en una sociedad, al menos por un tiempo. Sin dudas las inundaciones en Argentina constituyen eventos que se han ido desnaturalizando, entendiendo que las mismas tienen que ver m谩s con la acci贸n del hombre que con la aleatoria regularidad de los fen贸menos naturales como desencadenantes; donde si bien no es recomendable simplificar las razones, es cierto que una importante causa est谩 asociada al modo en que se ocupa y explota el suelo y el recurso agua.

Dos ejemplos: la inundaci贸n de la ciudad de Santa Fe en 2003, donde parte del casco urbano se encuentra en el valle de inundaci贸n del r铆o Salado, protegida por una obra que no result贸 eficaz para el caudal de agua generado. M谩s recientes las inundaciones en Lujan, cuyo nivel de frecuencia se ha incrementado en la 煤ltima d茅cada, explicado en gran parte por el desarrollo de urbanizaciones cerradas que han avanzado sobre las zonas bajas de la cuenca.

En otros puntos del pa铆s han emergido protestas en relaci贸n con lo que se considera la apropiaci贸n privada de cuerpos de agua, como el caso de Lago Escondido en R铆o Negro por el magnate Joseph Lewis. En muchas 谩reas de nuestra geograf铆a, no es sencillo para la poblaci贸n acceder de manera regular a agua segura. Estas, y otras problem谩ticas, est谩n asociadas al modo en que se lleva adelante la gesti贸n de las aguas, en cuyo contexto resulta de alta significaci贸n un elemento que ha tomado notoriedad en las 煤ltimas d茅cadas: los humedales.

Los humedales son territorios caracterizados por un suelo con una alta proporci贸n de agua; la Convenci贸n Relativa a los Humedales de Importancia Internacional de Naciones Unidas reunida en su primer sesi贸n en Ramsar, Ir谩n en 1971, ha definido estos sitios en su primer art铆culo como 鈥渓as extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean 茅stas de r茅gimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros鈥. En diversos documentos y trabajos, esta definici贸n abarca adem谩s a pastizales h煤medos, estuarios, deltas y zonas costeras; y entre los sitios artificiales podemos encontrar estanques pisc铆colas, arrozales, embalses y salinas.

La importancia de los humedales est谩 dada porque constituyen elementos beneficiosos en t茅rminos ambientales, prestando lo que se denomina 鈥渟ervicios ecosist茅micos鈥, esto es: ayudan a mantener la cantidad y calidad de recursos naturales claves. Facilitan la recarga de acu铆feros, sostienen 谩mbitos claves del h谩bitat de muchas especies que hacen a la biodiversidad, cumplen funciones de regulaci贸n h铆drica frente a sequ铆as e inundaciones, y por lo tanto, resultan relevantes para la mitigaci贸n de los efectos del cambio clim谩tico.

El valor estrat茅gico de los humedales, reconocido por la comunidad internacional, lleva consigo la necesidad de protegerlos, dado que se evidencia un retroceso por la acci贸n del hombre. La pregunta que le sigue a este planteo no sencilla de responder: 鈥渜u茅 hacer?鈥. Una iniciativa que habitualmente surge es normar sobre el tema, buscando generar una herramienta de protecci贸n; esto en Argentina se traduce en la b煤squeda de establecer una ley nacional de presupuestos m铆nimos de protecci贸n ambiental, figura emergida en la 煤ltima reforma constitucional, la cual adem谩s puso en cabeza de las provincias el dominio originario de los recursos naturales, y por lo tanto el manejo y la explotaci贸n de estos. Este camino lo han transitado un conjunto de actores, principalmente varias organizaciones no gubernamentales ambientales, que vienen instalando el tema en la agenda p煤blica.

Cuando se regula aparece una primera cuesti贸n, la definici贸n del objeto. Como se ha se帽alado la palabra 鈥渉umedal鈥 remite a un muy amplio espectro de sitios, lo cual incluye a los artificiales; 茅ste no es s贸lo un problema t茅cnico, es pol铆tico y econ贸mico, dado que en el caso de la Argentina hay provincias cuya superficie quedar铆a en gran medida bajo los t茅rminos de la definici贸n de humedal, incluyendo claro, la superficie productiva, como es el caso de los arrozales que cubren una buena porci贸n de la regi贸n Mesopot谩mica; o 谩reas de la regi贸n Pampeana bonaerense caracterizadas por una trama de lagunas interconectadas.

No cabe duda la importancia de la preservaci贸n de los humedales, pero quiz谩s, la pregunta m谩s atinada sea 鈥溌縞贸mo hacer?鈥. Debemos poner la mirada en los sistemas de gesti贸n necesarios para alcanzar la meta de preservaci贸n o valorizaci贸n de estos sitios estrat茅gicos, para la cual es posible que sea necesario desarrollar un marco normativo. Esto resulta esencial para que las normas sean realmente operativas y no meramente declamativas, o que remitan como m谩xima expresi贸n a la generaci贸n de inventarios que presagian el posterior lamento por las p茅rdidas. En tal sentido, la pol铆tica ambiental debe dar un salto, ser m谩s ofensiva, involucrarse en los planes de desarrollo del territorio, tanto en t茅rminos productivos, como del desarrollo de las infraestructuras que los modelos requieren.

En esta senda de desarrollo de un sistema de gesti贸n de humedales, es necesario involucrar a todos los actores claves. La dimensi贸n h铆drica requiere el di谩logo y alcanzar acuerdos con las autoridades provinciales que se nuclean en el Consejo Federal H铆drico (COHIFE). En la dimensi贸n ambiental, el factor biodiversidad y agua, demanda la palabra del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA). Las comisiones legislativas, las instancias acad茅micas que desarrollan investigaci贸n; y las ONG麓s que han desarrollado trabajos de producci贸n de conocimiento e incidencia en el tema, son voces necesarias.

Es esperable que la autoridad pol铆tica ejerza el liderazgo para convocar a un gran debate en el cual deba discutirse una tipolog铆a de humedales, asociados a sistemas de gesti贸n diferenciados y abiertos a los modelos que cada provincia crea conveniente instrumentar bajo los principios generales que se establezcan como paraguas a nivel nacional. En ese debate, debe participar todas las voces, las de la producci贸n y el trabajo, las del conocimiento, las pol铆tico-territoriales, las organizaciones ambientales, y todo el que tenga saberes e intereses involucrados. A 35 a帽os de restauraci贸n democr谩tica, es necesario acordar sendas de largo plazo para recursos estrat茅gicos como los humedales.