Buenos Aires, el área Metropolitana y los desafíos de la cuestión social

Arroyo 2POR DANIEL ARROYO, EX MINISTRO DESARROLLO SOCIAL DE LA PBA – Según el último Censo, en la Argentina somos actualmente más de 40 millones de habitantes, lo cual muestra una variación del 10,6% con relación al realizado en 2001. A diferencia de lo que ocurre en Buenos Aires, Santa Fe y CABA, donde el incide de natalidad descendió, en el noroeste y noreste tuvo un leve aumento. Igualmente, de los porcentajes totales se desprende que estamos frente a un leve proceso de envejecimiento poblacional.

Ahora bien, si nos centramos en la cuestión de la distribución relativa de la población según las provincias, podemos ver algunas tendencias que nos ayudan a repensar nuevos abordajes desde el Estado. Al agrupar a aquellas que tienen mayor densidad de población, podemos observar que entre la provincia de Buenos Aires, la región metropolitana y otras cuatro provincias, aglutinan más del 70 % del global país. En cuanto a la densidad poblacional, claramente la Ciudad de Buenos Aires lidera el promedio, seguido por los 24 partidos del Gran Buenos Aires.

Estas variables, junto a otras que voy a presentarle a continuación, son de utilidad para poder pensar nuevos abordajes y políticas públicas en el marco de lo que llamo, las Políticas Sociales de Segunda Generación.

A modo de diagnóstico, podemos decir que a pesar de las mejoras de algunas variables, es claro que en Argentina, la situación social empeoró. Si bien los números varían, hoy tenemos más del 30% de pobreza, más del 34% de trabajo informal y que son alrededor de 1.500.000 los  jóvenes que ni estudian ni trabajan. Esto indicadores, en los últimos meses, seguramente se agravaron.

En este contexto, considero que es el tiempo de promover una segunda generación de políticas sociales con eje en el desarrollo integral, que se transforme en una política de Estado prioritaria en la Argentina que viene.

Ahora bien, antes de pensar algunas propuestas, quisiera plantearles algunas reflexiones previas. En primer lugar, considero que a nivel nacional es evidente que hoy hay 4 Argentinas que interactúan y tienen velocidades diferentes: la que viven los más «pobres»; la Argentina de los «vulnerables»; el país de la «clase media» y, finalmente está la Argentina de «clase alta».

Los más pobres tienen dificultades en sus viviendas, pocas chances de conseguir trabajo y un problema crítico en los jóvenes que no han visto trabajar con continuidad ni a sus padres ni a sus abuelos. También tienen diversos planes sociales que han ido perdiendo potencia frente a la inflación.

La Argentina de los vulnerables tiene que ver con el trabajo informal, con las changas, con muchos monotributistas también que la pelean como pueden. Son los que trabajan sin tener recibo de sueldo, sin cobertura médica y que les va bien o mal según cuánto crece el consumo interno y cómo van actividades como la construcción y el textil.

La Argentina de clase media tiene trabajo formal (público o privado) y, por tanto, recibo de sueldo, obra social, aportes jubilatorios. También es la Argentina que paga cada vez más impuestos y que, muchas veces, siente que debe además pagar servicios privados de salud y educación.

Y por último, el país de clase alta tiene que ver con la concentración económica y, también, con muy altos niveles de consumo.

Estas 4 Argentinas tienen tensiones, tienen conflictos que se potencian en situaciones como las actuales en donde la inflación, y el debate acerca de qué hay que hacer con el empleo, se ponen sobre la mesa.

Creo yo que está es la verdadera grieta. La fragmentación social es el verdadero conflicto argentino. Y no se resuelve tensando la cuerda, potenciando los conflictos, sino generando políticas de Estado que den una base de arranque en vivienda, salud, educación y trabajo que realmente de oportunidades a todos.

Por otro lado, y sólo a modo de realizar una presentación algo arbitraria, porque estos son sólo algunos de los temas que hoy preocupan, voy a presentan diez cuestiones que marcarán las asignaturas pendientes: 1) la pobreza estructural; 2) el más de 1/3 de los ocupados se encuentran en situación de precariedad o informalidad laboral; 3) la desigualdad de ingresos; 4) 1.500.000 de  jóvenes de 16 a 24 años que ni estudian ni trabajan marcan la situación más crítica y acuciante en materia social; 5) el aumento de la violencia en el hogar plantea cuestiones de género pero, también, refleja el “mal vivir”, la situación en la que una persona con dificultades diarias por el trabajo, la inseguridad y el transporte termina “implosionando” en su hogar; 6) el aumento de las adicciones, la venta de droga en los barrios y el narcotráfico (sobre todo en los grandes centros urbanos) que marcan una novedad de los últimos años y un problema que no parece tener políticas públicas suficientes de prevención  de las adicciones y combate al narcotráfico; 7) la fuerte deserción en la escuela secundaria que define, tanto el problema de los adolescentes, como el de la calidad educativa en nuestro país; así como también el nuevo fenómeno de repitencia y retraso escolar 8) las dificultades de acceso a la atención primaria de la salud que generan varios problemas entre los que se destaca la sobrecarga de demandas sobre los hospitales; 9) el debate en torno a acceso a la vivienda propia y al futuro de la seguridad social en los próximos y 10) la inflación y la pérdida de empleo que marcan la agenda de los últimos mes.

La Argentina tiene un modelo de política social viejo y agotado que es de trabajar a través de programas específicos por sectores: niños, adultos mayores, comunidades aborígenes, para discapacitados. Necesitamos que el trabajador social identifique los distintos problemas que tienen los integrantes de la familia y apliquen directamente la solución. La idea es trabajar sobre la base de la familia, es cambiar el paradigma: hay que identificar en qué barrios está la situación más crítica e ir familia por familia a través de una red que vaya integrando los problemas y las soluciones.

En este contexto, considero que tenemos que iniciar una nueva etapa en política social que incluya, al menos, algunos de las siguientes propuestas:

1) Avanzar en la puesta en marcha del derecho al primer empleo. El objetivo es establecer una exención impositiva a las empresas que tomen jóvenes como primer empleo. Los jóvenes son el futuro si tienen presente, y por eso hay que crear un mecanismo para que logren entrar al mundo laboral.

2) Apostar a un sistema integrado de apoyo a la primera infancia para fortalecer todo el proceso del embarazo hasta los primeros 6 años de vida, crear jardines de desarrollo infantil para garantizar el cuidado seguro y la estimulación temprana de las niñas y los niños desde los 45 días y hasta los 3 años en situación de vulnerabilidad, además de garantizar la educación inicial universal desde los 3 años.

3) Masificar el crédito. Nuestro país tiene una gran red de cuentapropistas (gasistas, plomeros, carpinteros, etcétera) que no son sujetos de crédito bancario y que acceden a préstamos al 100 o 120% anual contra la fotocopia del DNI. Es la población que hoy está sobreendeudada y para la cual hay que masificar el crédito con subsidio de tasa para que acceda a máquinas, herramientas y mejore su producción. Esto puede comenzar a hacer circular la rueda.

4) Desarrollar una red de atención y prevención de adicciones y crear una unidad especial de combate a la venta de droga. Está claro que hoy las familias se desesperan porque no existen lugares para la atención de personas adictas, y también que aumentó la venta de droga en los barrios. Se trata de generar un esquema institucional especial (por fuera del esquema de seguridad actual) con una única función, que es detectar los puntos de venta y eliminarlos.

5) Ir a un modelo de «empalme» entre planes sociales y trabajo: generar condiciones para que una persona que actualmente tiene un plan, pueda insertarse a un empleo formal y cobrar por su trabajo, conviviendo con ambos sistemas durante un ciclo de dos años. Este proceso va acompañado de la red de tutores que acompañan y de un esquema de capacitación permanente.

6) Sistema dual en la escuela secundaria: existe un abismo entre la escuela y el trabajo. De hecho, gran parte de los jóvenes desocupados tienen secundaria completa. Para achicar esa brecha, la idea es ir al sistema dual (en los últimos años, un joven está en la escuela y además hace pasantías o capacitaciones específicas) de modo que vaya empalmando estudio y trabajo.

7) Conformar una Red de tutores para el acompañamiento educativo, es clave generar una red de tutores con personas que tengan legitimidad, una maestra que tiene buena llegada, algún pibe de la esquina, un referente barrial o religioso. Se trata de potenciar una red con personas creíbles a los que los jóvenes sientan que no deben fallarles y que los ayuden a sostenerse en la escuela. La clave es acompañarlos durante el ciclo educativo generando mayores fortalezas para encarar la vida académica, para de esta forma reducir el rezago y la repitencia escolar.

Se trata de desarrollar acciones que realmente impacten sobre sus vidas cotidianas, recuperen el sentido del esfuerzo y la búsqueda del progreso, es la prioridad que nos permitirá construir la Argentina del mañana.

La Argentina necesita entrar en una nueva generación de políticas sociales que le permita romper la reproducción intergeneracional de la pobreza. Los problemas macroeconómicos son urgentes, pero en estas cuestiones parece jugarse gran parte de nuestro futuro.